Esta mañana, coincidiendo con el día de su
cumpleaños, el artista Ringo Starr ha sabido que sus compañeros del
grupo The Beatles recibían dinero por sus conciertos y por las ventas de
sus discos. “Cuando empezamos os juro que los cuatro tocábamos para aprender y
para divertirnos. No sé en qué momento dejó de ser una afición para
ellos y pasó a convertirse en un trabajo. Creía que estábamos juntos
porque lo pasábamos bien y lográbamos que la gente también se
divirtiera”, ha asegurado Starr hace unas horas, muy confundido.
Aunque
reconoce que firmó muchos contratos, el músico admite que se limitó a
firmar “justo encima de la manzana. Me decían: ‘Firma encima de la
manzanita, Ringo. Como cuando los autógrafos’. Y yo firmaba pero no en
plan negocios, sino en plan tío enrollado que firma si se lo piden y
además lo hace encantado, joder”, explica.Desde 1962, cuando se unió a la mítica banda, Starr compaginó las
actuaciones y los ensayos con su trabajo de dependiente en la carnicería
de un familiar. “Vamos, lo normal. Lo que hacían y siguen haciendo
muchos músicos”, argumenta. “Con razón era yo el que estaba más contento. Porque no estaba en el
curro”, dice mientras ata cabos, recordando detalles del pasado. “Y con
razón John no me coge nunca el teléfono. Ni George tampoco. ¿Pero qué
mierda de novatada es esta?”, exclama Starr.
“Cuando me uní a su grupo pensaba que me harían alguna novatada, que
es lo típico. Y nada, me hacían alguna broma tonta pero nada de
novatadas. Y ahora lo entiendo: la novatada era esta. Qué hijos de puta,
¿no?”, insiste el exbeatle.“Pues estoy enfadado, no te creas”, ha añadido. “Ya sé que es mi
cumple y tal, pero se han pasado. Vamos, que si me llaman para ir a
ensayar igual no voy”, añade. “Que ya imagino que cobraban lo justo para pagarse el transporte y
los bocadillos. Pero coño, a mí también me hubiera venido bien, sobre
todo cuando aún no tenía coche”, concluye.

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